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Entrenar en ayunas, qué tan bueno o malo es

Descubre qué dice la ciencia respecto a hacer ejercicio sin antes haber desayunado

Escrito en TENDENCIAS el

Mucho se ha cuestionado sobre cuál es el mejor momento para hacer ejercicio. Si bien la hora influye, lo importante al final del día es entrenar y mantenerse activo.  

Mientras que hay muchos que prefieren acudir temprano al gimnasio, hay quienes, por cuestión de agenda, compromisos o por flojera de levantarse temprano, lo deja para el final del día. 

Es por esta razón que muchos gimnasios tienes esos horarios tan extendidos, desde las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche, o como otros que tienen servicio las 24 horas de día. 

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La gran mayoría de la gente que se levanta temprano para entrenar suele hacerlo en ayunas, pues en la madrugada a casi nadie se le antoja probar bocado alguno, salvo el café. Mientras que para algunos resulta peligroso este hábito, la realidad es que no es tan malo tomando ciertas consideraciones. 

Empecemos por definir lo qué es ayuno, que es cuando pasamos periodos largos sin probar alimento. Un ejemplo de ayuno es el que hacemos por la noche. Normalmente cenamos y después nos vamos a la cama. Durante el sueño, que va de cinco a ocho horas, pues no ingerimos alimento alguno, cumpliendo con una fase ayuno. 

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Si bien, se dice que hay que tener energía para entrenar, cuando nos despertamos y nos vamos a ejercitar pareciera que no tenemos el combustible suficiente que nos permita cumplir con nuestra rutina, pero la realidad es que sí la tenemos y es la que obtuvimos de la noche anterior. 

Cuando comemos, o más bien cenamos, el hígado y los músculos se convierte en un depósito de glucógeno que se mantiene intacto durante la hora de sueño, de ahí la importancia de cenar alimentos saludables. Al día siguiente, por la mañana, ese glucógeno que estuvo en reserva será la gasolina que nuestro cuerpo usará para activarse y permitirnos entrenar. 

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Además, se ha comprobado científicamente que hacer ejercicios en ayunas ayuda a quemar más grasa que después de haber probado alimento, así lo confirmó la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (National Library of Medicine). 

En el estudio realizado en 2015 y publicado en 2016 confirmaron que “hubo un aumento significativo en la oxidación de grasas durante el ejercicio realizado en ayunas, en comparación con el estado alimentado”, de ahí que se popularizara este método entre los atletas como un recurso extra para mejorar su apariencia y condición. 

Incluso otros deportistas de alto rendimiento como los ciclistas comenzaron a llevar a cabo esta práctica que les ayudó a tener, incluso, un mejor desempeño en sus entrenamientos y competencias. 

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Nada con exceso todo con medida 

Aunque mucho se ha cuestionado sobre el ayuno, sí es importante recordar que para aplicar este método se debe hacer bajo supervisión médica, que incluya, incluso la valoración del propio entrenador para evitar recaídas o malestares, para que ajuste y esté al pendiente de nuestra rutina. 

Independientemente de que el cuerpo haya reservado los nutrientes de los alimentos de una noche anterior, debemos ser cuidadosos a la mañana siguiente al momento de comenzar a entrenar, escuchando todas las alertas que el cuerpo nos mande a través de los mareos, falta de energía o ganas de vomitar. 

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Ahora, aunque se llama ayuno y se entiende que no hay una ingesta de alimentos, sí está permitido el consumo de líquidos, que puede ser desde el café hasta alguna otra bebida saludable, como té negro o té verde. 

Después de haber concluido tu ejercicio, se sugiere no dejar pasar más tiempo y desayunar balanceadamente, con platillos que incluyan todos los grupos de alimentos. 

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